Chile se encuentra en una situación económica delicada. En el Senado, la directora de presupuestos del Ministerio de Hacienda declara que la deuda pública alcanza casi el 45% del PIB. El contexto internacional, la post pandemia, sigue dejando estragos en la economía mundial. Muy probablemente a fines de este mes de julio el Banco Central bajará las tasas de interés. La economía del país debe volver a crecer, pero mejor aún es desarrollarse, volver a tener un horizonte claro, una meta sobre cuál es nuestro proyecto de país para los próximos 50 años.

 

En Tarapacá leemos y escuchamos lo que parece ser un consenso sobre el futuro económico de la región. La apuesta es por los corredores bioceánicos y la apertura a ser la puerta de salida hacia el Asia Pacífico de los productos provenientes especialmente de Brasil. Un sueño ya sembrado por el entonces Alcalde Jorge Soria Quiroga.

 

Estas posibles oportunidades deben encontrar un método para alcanzar dichos objetivos, es una forma de pasar de los sueños a la concreción de proyectos, y lo más importante que las ganancias generadas de esos negocios se queden en la Región con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de la población en asuntos prioritarios como la seguridad, la salud o la vivienda.

 

Por el momento, para que dicho método comience a funcionar se requiere un imprescindible fomento del Estado central. Este sólo hecho fragiliza las buenas intenciones, debido a que a todas luces las acciones en materia económica se concentran en otras áreas prioritarias como lo son la explotación del litio, el hidrogeno verde y los negocios derivados de dicha actividad.

 

¿Cómo hacer para que los objetivos de Tarapacá coincidan con los objetivos del país? Parafraseando al sociólogo Julio Ruiz, no es posible plantear una estrategia de desarrollo sin antes tener un consenso en la Región sobre qué deseamos para el futuro, y que desde allí surja una gobernanza territorial.

 

En un Estado emprendedor esa gobernanza no es solamente pública, también es privada, también es ciudadana. Porque debe contar con la legitimidad suficiente de todos los agentes del territorio. A simple vista Tarapacá no es capaz aún de articular una masa crítica necesaria para empujar una estrategia de desarrollo democrática que provenga desde la Región, y ello significa hacernos cargo de dicho desafío, y los liderazgos de propiciar los espacios de conversación franca, clara y conducente a resultados concretos.

 

Para poder tener un futuro es necesario revisar la historia, como nos dijo ya Juan Podestá debemos comprender la “invención de Tarapacá”, pues por mucho que pensemos que el mundo apareció ayer como por arte de magia, existe un camino recorrido, un aprendizaje necesario que debemos tener en cuenta.

 

No basta con perseguir los sueños como quien busca la olla de oro al final del arcoíris. La gente de nuestra región necesita certezas que se hagan cargo de las necesidades más urgentes, pero por sobre todo que le entreguen solidez trabajando para generar desarrollo económico y social para las generaciones futuras.

Autor

Sociólogo, Máster en Medio Ambiente: Dimensiones Humanas y Socioeconómicas.Fundación Imagina Tarapacá

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